Oporto


Aprovechando mi 40 cumpleaños Maru me preguntó, qué prefieres fiesta o viaje. Yo le dije que viaje, pero ella es maravillosa y tuve las dos cosas. Nos encanta conocer nuevos destinos, pero es algo que no hacemos muy a menudo. La última vez que hicimos una escapada fue a Paris en noviembre de 2015. En esta ocasión nuestro medio de transporte fue el coche y nuestro destino Oporto. Ya conocíamos el Algarve, Lisboa y Sintra, pero mucha gente nos recomendaba conocer esta bellísima ciudad ubicada en la desembocadura del Duero. Ya de antes nos gustaba Portugal, pero tras esta parada podemos afirmar que Portugal es diferente.

Como siempre, Maru se encargó de buscar el alojamiento, y, como no, de conducir. Escogió un apartamento en pleno centro de Oporto, en Rua do Caldereiros, junto a la Torre dos Clérigos. Miss´Opo ha sido un concepto nuevo para nosotros. Se denomina Guest House o Casa de Huéspedes, una propiedad privada convertida en un sitio de alojamiento donde ofrecen habitaciones con la particularidad que no hay personal a tiempo completo para atender a quienes se alojan. Hormigón, paredes blancas y decoración precisa. Una estancia muy grande con una pequeña cocina y una cama súper cómoda. Como es normal, en lo primero que pensamos es que era un lugar ideal para cualquier sesión de fotos, y por supuesto hicimos fotos.

Maru siempre es la que lleva el mapa, va trazando nuestra ruta y es la que decide cuando se para y donde se come. Ella es la parte más gastronómica de nuestros viajes. Yo soy el que lleva la cámara, y el que se deja impresionar de cualquier esquina. El equipo que llevo a los viajes es el de batalla, como yo lo llamo, mi primera réflex, una Canon 60D con dos lentes, un 50mm f 1.8 y un angular 11-16 f 2.8. En esta ocasión también llevaba la cámara que siempre tenemos más a mano, la del móvil. Iba estrenando, regalado de cumpleaños, el Iphone 7. Algunas de las fotos que ilustran este post están realizadas con el móvil.

La primera tarde, después de la paliza de coche, nos la planteamos en plan tranquilos. Visita panorámica desde un “ravelo” por el Duero y varias degustaciones del famoso vino de Oporto. Al finalizar nos metimos en el antiguo Mercado Ferreira Borges, junto al Palacio de la Bolsa, ahora convertido en un enclave cultural y comercial, y característico por su arquitectura en hierro y su color rojo. Allí probamos uno de los platos tradicionales, la fancesinha, una especie de bocadillo o sándwich relleno de diversos embutidos y carne y recubierto con lonchas de queso y, una vez gratinado todo, se baña con una salsa picante a base de tomate. Una bomba de relojería vamos.

Al llegar al apartamento, nos encontrábamos cada noche junto a la puerta una cesta con los productos para el desayuno de la mañana siguiente.

La siguiente jornada fue maratoniana. Empezamos bien temprano por la librería Lello, reconocida como una de las más bellas del mundo, y, yo diría también, una de las más visitadas por gente que no busca libros. Continuamos por la Iglesia del Carmen con los clásicos azulejos portugueses, azules y blancos, que ocupan la fachada lateral, y que curiosamente fueron colocados en 1912. Después nos dirigimos a la zona más comercial de Oporto, haciendo parada obligada en el Mercado do Bolhao. Llama la atención la monumentalidad de su arquitectura neoclásica y, más que eso, su lamentable estado de conservación. Ello no quita para nada la belleza del lugar, y ha sido, sin duda, de los lugares que me quedo que por supuesto recomiendo su visita. De allí nos encaminamos a la Catedral, singular por su claustro gótico del siglo XIV decorado con azulejos que reflejan escenas religiosas.

Para almorzar bajamos a través del funicular a la orilla contraria, Vila Nova de Gaia, . Las vistas de las bodegas y de Oporto desde este enclave merecen la pena. En esta ocasión probamos el bacalao con nata, 100% recomendable. Ya con el estómago lleno, y después de dar un a vuelta por Vila Nova de Gaia, nos fuimos a la Iglesia de San Francisco, sin duda un exponente del barroco portugués. El resto de la tarde la destinamos a andar la ciudad, visitar tiendas y también nos tomamos un café en el famoso Café Majestic, un antiguo café-tertulia de arquitectura modernista.

Todo lo bueno se acaba, pero antes nos quedaban dos paradas, Aveiro y Coimbra. El que me conozca se puede imaginar la cara que se me quedó cuando entré a la Biblioteca de la Universidad de Coímbra, un punto y final a nuestro viaje espectacular.










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